100 días de gobierno de López Obrador: ¿La precarización de la cultura?
Foto tomada de @FONCAMX, de el 7 marzo de 2019. Momentos antes de iniciar el foro de consulta convocado por el Fonca.
Opinión 10.03.2019
Brenda Caro Cocotle
Los primeros 100 días de gobierno de López Obrador han generado incertidumbres dentro del sector cultural. Presentamos la opinión de Brenda Caro Cocotle.
El fin de la administración anterior nos encontró precarios. Hoy se cumplen 100 días del gobierno de López Obrador y parece no haber tregua. Más de uno considera que, en lo que respecta al sector cultural, el panorama se perfila aún más precario. Las noticias que han signado este primer trecho han sido la asignación presupuestal a la baja, la desaparición de puestos de trabajo en varias áreas de la Secretaría de Cultura, la orientación de los subsidios –con la consecuente incertidumbre de cómo operaran determinados programas, en particular el Fonca— y la valoración negativa de las organizaciones de la sociedad civil, respecto a su funcionamiento, esquema fiscal y financiero, para las que se anticipa un cambio en la distribución de recursos.
Es complejo distinguir entre los hechos y las intenciones, entre los discursos verbalizados y aquellos implícitos en la aplicación de determinados lineamientos, entre lo que es adjudicable a una situación precedente y lo atribuible a lo contingente. Bien mirado, lo que asombra no es tanto la forma en cómo se está perfilando la política cultural del sexenio –que en realidad ha sido consecuente con lo planteado en la plataforma electoral en su momento—, sino la sorpresa que la coyuntura ha resultado para gran parte de la comunidad de artistas y profesionales de la cultura. Sin demeritar la preocupación, por demás legítima, pareciera que se hubiera asumido que el puro cambio de estafeta borraría de un plumazo un estado de cosas en emergencia y a punto del desplome.
No, la 4T no es sin más la culpable del escenario incierto que se nos presenta ahora. Le tocó recibir un aparato burocratizado, en crisis y con problemas heredados y profundos. Pero si bien lo anterior puede decirse a descargo, también debe señalarse que su responsabilidad está en otro lado: una cosa es un problema estructural y otra, lo que se propone o articula alrededor de lo primero. Y es justamente en lo último donde las contradicciones y la falta de comunicación vuelven aún más tenso un panorama de suyo conflictivo y espinoso.

Foto de prensa tomada de lopezobrador.org.mx. Conferencia matutina del 27 de febrero de 2019.
¿Qué es lo que preocupa de estos primeros 100 días? ¿De qué calibre y en qué sentido van las acciones hasta ahora implementadas? Ante todo, lo que preocupa es la ambigüedad y que en el paso de campaña a gobierno se han conservado formas, añejas, que no abonan a la claridad ni al diálogo de frente a la ciudadanía. Ello no sólo genera la impresión de que la cultura no es una prioridad para el actual gobierno –que en realidad lo es, el punto es en qué sentido y lo que eso indica—, sino que crea la percepción de que se está aplicando políticas de corte empresarial y neoliberal bajo el amparo de un discurso de democratización de la cultura. Y ese es un terreno delicado: cuando la apariencia gana, no nos permite ver la dimensión real de los problemas ni la forma en cómo hemos de demandar una responsabilidad a las autoridades, en tanto sujetos de derechos. ¿Los despidos de la 4T? Son el resultado de una crisis estructural de años que simplemente revienta por lo más frágil, de una reforma laboral gestada en el calderonismo y profundizada con Peña Nieto. Pero si la reestructura no se encara como un proceso más transparente, no sólo hablando en plata, sino con el objetivo de hacer funcional la estructura bajo condiciones de empleo dignas; la ambigüedad gana. ¿Y los subsidios y programas? ¿Qué la cultura y el arte han sido el terreno fértil para que algunos evadan impuestos? Sí, hay reglas de operación poco claras y prácticas que han entorpecido lo que debería ser un círculo virtuoso. Mas si sólo se recurre a «encuentros» con titulares ausentes, cualquier mecanismo de trabajo conjunto se entorpece. Sin duda hay que revisar los esquemas con miras a encontrar fórmulas de participación, colaboración efectiva y rendición de cuentas. Y hay que hacer eso claro y en diálogo, no como medida de control de daños.
Pero hay algo más que preocupa de estos 100 días: nos ha revelado también, por doloroso que sea decirlo, el trecho tan largo que aún tenemos para ser participantes activos de la política cultural y de cómo definirla. Han sido muchos años de ser receptores pasivos. Seguimos esperando las transformaciones verticales. Quizá de allí la sensación de decepción de muchos. Aún no sabemos cómo ser un contrapeso en el mejor de los sentidos posible. Estos 100 días nos encuentran precarios también en ese sentido.
Brenda Caro Cocotle
Es licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas, maestra en Museos y Doctora en Museum Studies por la Universidad de Leicester.
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