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Melecio Galván: Un diálogo transgeneracional

Reseña 26.02.2025

Juan Pablo Ramos

La exposición «El hecho fantástico. Melecio Galván: Un diálogo transgeneracional» revalora la trascendencia del artista, reconocido como uno de los mejores dibujante mexicano del siglo XX.

Escribir sobre Melecio Galván (1945-1982) es como narrar una novela detectivesca. Aunque en vida su reconocimiento se restringió a algunos círculos de artistas e intelectuales, quienes se han dedicado a interpretar e investigar en torno a su obra coinciden en que fue de uno de los mejores dibujantes que ha dado México. Hasta la fecha, Melecio es una figura sumida en la penumbra de una cultura institucional que le dio reconocimiento tardío. Gracias a la incansable labor de Amaranta Galván, hija del artista, el archivo de Galván ha vencido el paso del tiempo y el peso del olvido. ¿Cómo volver a contar la vida de un artista que realmente no se ha terminado de escribir? 

La exposición El hecho fantástico. Melecio Galván: Un diálogo transgeneracional se presenta hasta el 31 de marzo de 2025 en artwks (Praga 35, colonia Juárez). Para visitarla, escribe a <[email protected]>.

Dibujo arte de los 70

Melecio Galván, Sin título (Monstruo 2).

Con el transcurso de los años las sombras se han despejado y la materia biográfica ha sido indispensable para reconstruir su mitografía trágica —misma que se configura a partir de Pollock— que no debemos pasar por alto: dificultades económicas, incomprensión, melancolía, divorcios, alcoholismo, y, finalmente, una muerte en condiciones de tortura empañada por las autoridades.

Nacido y crecido entre San Rafael y Tehuixtitlan, ambos en el Estado de México, Galván participó en el movimiento estudiantil del 68. A partir de esta experiencia, pudiera decirse que a sus imágenes las atraviesa el desencanto. Como antídoto, su trabajo se empapa de humor negro, mismo que definió André Breton como la “rebelión superior del espíritu”.[1]

Acaso esa rebelión de Galván radica también en su renuncia temprana a la comercialización de su trabajo. Para la muestra, se ha rescatado el corto recorrido de Galván por los circuitos galerísticos a los que finalmente dio la espalda —que comprende de mediados de los sesenta hasta principios de los setentas—, comenzando por la galería Los Contemporáneos de Antonio Souza y culminando en galerías en Estados Unidos. De este periodo sobresale un neofigurativismo: la búsqueda y forja de un lenguaje distintivo y personal, así como la experimentación formal con el grabado y el color.

arte contemporáneo mejor dibujante de México

Melecio Galván, Sin título (Escena 3).

Los especialistas han hecho hincapié en su afinidad con algunos clásicos como Da Vinci y Durero, lo cual refleja, además, la terquedad historiográfica de leer a un artista marginal desde paradigmas eurocéntricos. De espíritu autodidacta, Galván no solo aspiraba a los cánones clásicos, sino que guardaba gran relación con expresiones de su propio siglo: por un lado, el expresionismo alemán; por el otro, la innegable supervivencia del barroco.[2] Un barroquismo semejante a los juegos de metamorfosis de las obras teatrales en la Francia del siglo XVII, donde reina la inestabilidad; los personajes mitológicos se transforman por arte de magia en elementos de la naturaleza.[3]

De forma parecida, en varios de sus dibujos observamos una permanente anamorfosis de engendros y mutantes, a medio camino entre hombres, animales y militares (al fin y al cabo son casi lo mismo, diría Galván).

Pinturas con arcoiris y mar

Marcos Castro, Un paseo en el lago.

Dejando de lado los referentes habituales ya desgastados, la obra de Galván es un microcosmos donde la imaginación y el sueño se empalman para desdoblarse como un libro abierto que nos sumerge en una ficción delirante. Kafka, Don Quijote y Cien años de soledad conviven en un mismo escenario desolado y futurístico. A pesar de la insistencia en lo maquinal, no es ciencia ficción: su universo es, stricto sensu, el de la fantasía, una abigarrada, siniestra, donde el proceso analítico y obsesivo de la línea anula todo realismo. Una fantasía cuya invectiva —como Don Quijote ante los molinos de viento— apunta a los monstruos de la razón del hombre racional a través de una imaginación inconforme.

Bayrol Jimenez pintura contemporánea

Bayrol Jimenez, Flor y sus amantes.

El hecho fantástico reúne a diferentes artistas que, desde el presente, revitalizan o instauran diálogos inesperados con Melecio Galván a través de una insistencia por lo fantástico, el cual definió Ida Rodríguez Prampolini identifica esta tendencia fantástica en el arte mexicano como una parte esencial de nuestra cultura, una visión mágica que resurgió con fuerza en nuestra tradición plástica conforme perdió sentido la programática de la pintura mural: “Para la mentalidad mágica no existe clara diferencia entre la existencia real, la vida consciente y las imágenes que brotan del subconsciente ya sea en el sueño o en el ensueño”.[4]

Como veremos, esta genealogía repercute hasta la actualidad, de ahí que la exposición reúne una serie que bajo procedimientos análogos persigue un pensamiento mágico o una mirada fantástica. Encontramos el glitch fantasmagórico de Luis Campos; el geometrismo guiado por un dictado automático de Bayrol Jiménez; los órganos sin cuerpo en la pintura de Daniela Terroba; una cerámica y una pintura de Josué González, como extraído de un futuro devastado por las guerras; la tesitura gótica de paisajes y calaveras como mitos fundacionales en la obra de Marcos Castro; por último los híbridos escultóricos y bestias post-humanas de Karla Ecaterine Canseco.

esultura arte contemporánoe

Karla E Canseco, Sin título.

Pero ¿por qué devolver a Melecio al presente? ¿Cómo revalorar su sitio en una historia que le ha confiscado en el olvido? Para Giorgio Agamben, contemporáneo es aquel que sabe ver más allá de la oscuridad del momento histórico, encontrando la luz que infinitamente se le escapa: “contemporáneo es quien recibe en pleno rostro el haz de tiniebla que proviene de su tiempo”.[5] Siguiendo la línea de Agamben, el artista encaró las tinieblas de su tiempo: la represión estudiantil, las intervenciones militares y las guerras sucias en el cono sur; fue simpatizante de los movimientos contraculturales, guerrilleros y revolucionarios, de los sindicalismos y la resistencia chicana, así como las luchas anticolonialistas en América Latina. Sin embargo, demasiado énfasis en el carácter contestatario de su producción, nos ha hecho pasar por alto su profunda y comprometida labor humanista.[6]

Pintura columna vertebral

Daniela Terroba, Cruz traqueolica.

En un panorama donde vivimos el ascenso de totalitarismos (que simultáneamente ha desencadenado, en las artes visuales, el resurgimiento de la caricatura para cuestionar figuras de poder, a la par de la revaloración de relatos provenientes de la periferia), la fantasía crítica de Melecio Galván conserva, aún hoy, una enorme vigencia.

 

artwks
Praga 35, Juárez.
Previa cita: <[email protected]>.

 

 

 

 

 

[1] André Breton, Antología del humor negro, trad. Joaquín Jordá, Barcelona, Editorial Anagrama, 1991, p. 10.

[2] Así lo advirtió Ida Rodríguez Prampolini en un texto que se reproduce en Arnulfo Aquino Casas, Melecio Galván: la ternura, la violencia, México, D.F., Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, 2010.

[3] Ver Jean Rousset, Circe y el pavo real: la literatura del barroco en Francia, traducción del francés por J. Marfá, Barcelona, Acantilado/Quaderns Crema, 2009.

[4] Ida Rodríguez Prampolini, El surrealismo y el arte fantástico de México, 2a ed., México, UNAM, Instituto de Investigaciones Estéticas, 1983, p. 95.

[5] Giorgio Agamben, Desnudez, trad. Mercedes Ruvituso y María Teresa D’Meza; traducción de “¿Qué es lo contemporáneo?” de Cristina Sardor, Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora, 2011.

[6] Añadiría que tal vez su contemporaneidad también recae en la firme negativa a producir de manera seriada, de modo que las páginas de cuadernos y hojas sueltas (apuntes, bocetos, marginalia) dan como resultado un caos-orden cronológico que refuerza la idea misma de boceto en tanto obra en perpetuo inacabamiento.

Juan Pablo Ramos

Juan Pablo Ramos (Ciudad de México, 1993) es narrador y ensayista. Maestro en Letras Españolas por la UNAM, es autor de Emerson en Tijuana (Máquina de Aplausos, 2019) y La mítika mákina de karaoke (FCE, 2022). Sus textos se han publicado en Letras Libres, Tierra Adentro y Nexos. Ha colaborado en Montez Press Radio, House of Vans y Dover Street Market París. Ha sido beneficiario del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales en el área de Ensayo Creativo (2023-2024).

 

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