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Alessandro Bo, Smail 1 (detalle). XVIII Bienal de Fotografía. Foto: Cortesía del Centro de la Imagen.

La nueva Bienal de Fotografía: 2018 un año de mesura y contención

Opinión 16.12.2018

Irving Domínguez

La Bienal de Fotografía, regresa este año al formato de salón y sin participación de curadores. Irving Domínguez hace una revisión de esta edición.

In memoriam Javier Ramírez Limón

 

Me queda claro que la actual edición de la XVIII Bienal de Fotografía ha sido moldeada por la emisión anterior. La crítica sostenida que recibió, pero sobre todo la circulación de su polémica, nos demostró que la concepción de la fotografía como una práctica de autor no tiene un consenso en México.

Estoy seguro que varios intentarán zanjar la discusión al invocar la tradición de la fotografía documental. Otros apelarán al dominio técnico como prioridad en la valoración plástica. Tampoco faltarán quienes esgriman un purismo que defienda los límites formales ante el pavor que provocan la hibridación, el mestizaje o el uso deliberado de códigos provenientes de otras fuentes de la representación visual, los cuales retan la idealización de un circuito de comunicación listo a cerrarse con obras bidimensionales, enmarcadas y desplegadas sobre un muro.

Arreglo floral. Bienal de fotografía 2018.

Omar Gámez, Autorretrato-1. Flores. XVIII Bienal de Fotografía. Foto: Cortesía del Centro de la Imagen.

Para estos últimos, la presente edición de la Bienal los complace sobremanera. Un regreso al formato de salón, sin la intervención de curadores, con una selección de tan sólo 24 autores. La convocatoria demostró que los participantes debieron sufragar los gastos de producción, envío, así como el equipo de reproducción necesario para sus propuestas. Dicha especificación no era nueva, pues se había incluido en convocatorias previas, pero la ausencia de apoyo en la producción de la obra seleccionada dio por resultado una muestra final asimétrica y poco equilibrada, a pesar del rigor museográfico del equipo del Centro de la Imagen.

De haberse procurado un apoyo a los artistas que así lo requirieran, se tendría una presentación en sala justa para una serie estupenda como El abance de Sonia Madrigal o Las caras de Terezín de Diego Ortiz. De la primera es notable su mordacidad respecto de un problema persistente en la urbanística mexicana: la supresión de espacios al peatón para favorecer la circulación de automotores. Del segundo se agradecería jugar con el formato de la impresión para evocar desde el cuerpo del espectador las relaciones históricas y sensoriales con estos espejos de la muerte.

Uno de los aspectos notorios en la ausencia de rigor curatorial—una función que no debía desempeñar forzosamente el jurado pero sí la institución o un agente designado por la misma para acompañar el desarrollo de la muestraes el regreso a la Bienal de las soluciones formales orientadas a la espectacularidad de la imagen: claros ejemplos son el autorretrato de Anna Soler Cepriá o la muy desafortunada serie de Víctor Bibián que termina por añadirle una nueva capa de fetichización a la prenda supuestamente deconstruida en su proceso fotográfico.

Patrulla de policía en la ciudad. Bienal de fotografía 2018.

Sonia Madrigal, El abance. XVIII Bienal de Fotografía. Foto: Cortesía del Centro de la Imagen.

Otro de ellos atañe a la falta de recursos que ayuden a los espectadores a comprender mejor ciertas propuestas, las cuales quedan un tanta aisladas, sin posibilidad en abundar en los intereses y el desarrollo de sus autores. La serie de Victoria Santaella, Eco en el eco, es consecuente con sus exploraciones sobre el paisaje urbano a través de la gráfica, el dibujo, la escultura en pequeño formato y el video, pero en el contexto de la presente Bienal parece una serie resuelta con premura, como si se tratase de un mero tratamiento de superficies. Lo mismo ocurre con Uryan Lozano, quien trabaja regularmente con procesos colaborativos y comunitarios: cuatro impresiones no sirven para dar cuenta de la organicidad y complejidad de las dinámicas que apuntalan su quehacer artístico.

Si bien el jurado se esforzó por equilibrar autores noveles con artistas de trayectoria probada para conformar la selección, es claro que apostó por los últimos. Tres de ellos son beneficiarios de la beca del Sistema Nacional de Creadores, incluidos los dos premios de adquisición, mientras otros dos han participado en emisiones anteriores de la Bienal. De los emergentes llamó mi atención su decisión por abordar algunas de las problemáticas agudas de nuestra actualidad: las fosas esculpidas en el desierto del colectivo Animales de Poder, la documentación del toque de queda en las noches secuestradas por la inseguridad y la corrupción en el estado de Veracruz por Koral Carballo, o la ya citada serie de Madrigal.

La vuelta a la bidimensionalidad y al marco no es lo único convencional en esta edición: ahí están el paisaje, quizá la construcción visual más explorada en esta edición, el retrato, el álbum familiar y la naturaleza muerta. Pero la obsesión por el pasado marca el tenor dominante de la muestra. Por un lado la nostalgia, presente en las propuestas de Alessandro Bo, Juan Pablo Cardona y Alfredo Esparza. Por otro la disección, manipulación y la creación de documentos que sustentan las participaciones de Eunice Adorno, Luciana Christiansen, Juan Carlos López Morales y Jorge Rosano Gamboa.

Materia orgánica en un paisaje desértico. Bienal de fotografía 2018.

Alfredo Esparza, La muerte. XVIII Bienal de Fotografía. Foto: Cortesía del Centro de la Imagen.

Para terminar sólo quiero anotar un autogol que la museografía la asesta a uno de los premios: la serie de Nelson Morales, Una mujer fantástica. Este es quizá uno de los mejores abordajes que sobre la identidad transgénero se han hecho en la fotografía mexicana reciente. Comprendo el juego en clave de las Flores de Omar Gámez, pero la serie de Morales destaca por ser franca, lúdica, bien resuelta formalmente y porque no tiene necesidad de ocultar sus complicidades.

Retrato de mujer transgénero. Bienal de fotografía 2018.

Nelson Morales, Una mujer fantástica. XVIII Bienal de Fotografía. Foto: Cortesía del Centro de la Imagen.

La muestra estará abierta al público hasta marzo de 2019 en el Centro de la Imagen (Secretaría de Cultura).

Irving Domínguez

Es curador, crítico de arte y colaborador de programas educativos en arte. Junto con Amanda de la Garza curó la XVII edición de la Bienal de Fotografía.

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Omar Gámez, Autorretrato-1. Flores. XVIII Bienal de Fotografía. Foto: Cortesía del Centro de la Imagen.

Sonia Madrigal, El abance. XVIII Bienal de Fotografía. Foto: Cortesía del Centro de la Imagen.

Alfredo Esparza, La muerte. XVIII Bienal de Fotografía. Foto: Cortesía del Centro de la Imagen.

Nelson Morales, Una mujer fantástica. XVIII Bienal de Fotografía. Foto: Cortesía del Centro de la Imagen.